Una verdad innegable: la niñez. Todos, absolutamente todos, hemos pasado por esta etapa. Hoy podemos recordarla y con algo de nostalgia, sentimos esa dulce sensación de tenerla aún dentro de nosotros, a pesar de empeñarnos, desde siempre, en huir de ella. ¡Cuánto la echamos de menos! No es posible creer hoy, que en algún momento nos estorbó, que no hubiésemos querido caminar con ella, viviendo siempre con ese deseo permanente de dejarla atrás y cruzar veloces los caminos que imaginábamos, estaban llenos de gloria e independencia, esos que tanto disfrutaban nuestros mayores. Nadie nos iba a mandar a hacer las tareas, a bañarnos, a estudiar, a ir a misa o a ver si ya la puerca parió.
Hoy nos encontramos persiguiendo en las sombras de nuestra memoria, esos recuerdos gratos de juegos callejeros: “que pase el rey, el vasito de agua, el belillo, el escondío.” Y qué decir de las navidades, cuando al Niño Dios se le olvidaba traernos algo que le habíamos pedido, pues en nuestra mente, Él lo podía todo, a pesar de su tamaño. El poder tocar objetos que habían sido tocados por ese ser maravilloso, era mágico y sublime, nuestras manitas se llenaban con ese bálsamo de lo divino.
Miremos en los ojitos de estos niños, observen su mirada limpia y sana, son niños de ayer, pero son iguales a los de hoy. Esa mirada permanece en los niños, somos nosotros los que nos vamos de ella, la abandonamos, y ella se sigue plasmando en los ojos de todos los niños, los de ayer, de hoy y de siempre. Nos debe quedar un consuelo y es algo indiscutible: todos hemos sido niños, todos, alguna vez, hemos tenido esa mirada, todos “alguna vez, hemos sido buenos”. Ahora, vayan a sus viejos álbumes busquen sus fotos, recuerden, disfruten y rescaten esas miradas.
martes, 22 de junio de 2010
El poeta, un caminante eterno
Gustavo Tatis, el joven poeta del Sinú mitológico, el niño grande...*
Las letras son esos símbolos que nos permiten materializar nuestro sentir, nuestros pensamientos y que nos ayudan a caminar o correr por los senderos que el destino nos impone. Los grandes pintores, poetas o músicos de gran sensibilidad, logran un acercamiento casi incomprensible con la divinidad, tal vez por su gran desarrollo espiritual, y Gustavo es uno de esos pocos seres. Pertenece al grupo de jóvenes escritores que crearon el conocido grupo El Túnel, siendo él, el de más corta edad del equipo y cuyo objetivo es el de dar a conocer la riqueza de la cultura del Sinú.
Es uno de los representantes de esa generación que al inicio de los años ochenta, irrumpen en el ámbito literario y periodístico, con toda esa fuerza y vigor típicos de la juventud, e inician la renovación de estas expresiones, desde el periódico El Universal. Sus letras entran como viento y lluvia, como un rayo de luz que se extiende hasta el mar de nuestros pensamientos. A veces nos parece ausente, pero no nos equivoquemos, los ausentes somos nosotros, incapaces de penetrar en su mundo lejano y profundo, en esa búsqueda interior de la belleza y la verdad absoluta. No logramos entender el combate que mantiene cuerpo a cuerpo como náufrago en el desierto de la vida. Gustavo posee a la naturaleza sin rozarla, permitiéndonos ver y entender el paisaje luminoso de su alma: “Sahagún allí donde el viento desnuda / su sonata de hojas / allí donde la tierra llora / un susurro indio y amoroso / allí donde el verano duerme sus hojas secas / en la tibieza de las chamarías de color amarillo y café / allí donde tengo enterrado mi ombligo / de ángel bajo los mamones / allí donde me han nacido alas y te espero.”
Este poeta que nos hace nadar sobre piedras y caminar sobre el agua, es uno de los representantes de la literatura colombiana, es parte de esta historia reciente que aún vivimos y no tenemos que contar como pasado, es alguien que seguirá, si Dios lo permite, llenándonos de palabras y de sueños. No quiero terminar sin mencionar a alguien que ha sido fundamental para él, su esposa Mary: “No sé qué hubiese sido de mí si no se aparece en el camino Mary, aquella muchacha discreta y amorosa que coleccionaba sin conocerme el puñado de palabras que he escrito desde niño en los periódicos. En medio de las tinieblas, cuando todo parece perdido en el oleaje sin sentido de la sobrevivencia, llega siempre ella con una flor. Con una piedra que ha salvado de las aguas. Con un pedazo de vidrio que ella pule para convertirlo en estrella. Con un pájaro que se ha escapado de repente de nuestras manos.” Gustavo: Sigue despojándonos de este disfraz que nos obligan a cargar y llévanos desnudos al interior de tus emociones, para poder anidar y procrear sentimientos en un mundo de paz.
Las letras son esos símbolos que nos permiten materializar nuestro sentir, nuestros pensamientos y que nos ayudan a caminar o correr por los senderos que el destino nos impone. Los grandes pintores, poetas o músicos de gran sensibilidad, logran un acercamiento casi incomprensible con la divinidad, tal vez por su gran desarrollo espiritual, y Gustavo es uno de esos pocos seres. Pertenece al grupo de jóvenes escritores que crearon el conocido grupo El Túnel, siendo él, el de más corta edad del equipo y cuyo objetivo es el de dar a conocer la riqueza de la cultura del Sinú.
Es uno de los representantes de esa generación que al inicio de los años ochenta, irrumpen en el ámbito literario y periodístico, con toda esa fuerza y vigor típicos de la juventud, e inician la renovación de estas expresiones, desde el periódico El Universal. Sus letras entran como viento y lluvia, como un rayo de luz que se extiende hasta el mar de nuestros pensamientos. A veces nos parece ausente, pero no nos equivoquemos, los ausentes somos nosotros, incapaces de penetrar en su mundo lejano y profundo, en esa búsqueda interior de la belleza y la verdad absoluta. No logramos entender el combate que mantiene cuerpo a cuerpo como náufrago en el desierto de la vida. Gustavo posee a la naturaleza sin rozarla, permitiéndonos ver y entender el paisaje luminoso de su alma: “Sahagún allí donde el viento desnuda / su sonata de hojas / allí donde la tierra llora / un susurro indio y amoroso / allí donde el verano duerme sus hojas secas / en la tibieza de las chamarías de color amarillo y café / allí donde tengo enterrado mi ombligo / de ángel bajo los mamones / allí donde me han nacido alas y te espero.”
Este poeta que nos hace nadar sobre piedras y caminar sobre el agua, es uno de los representantes de la literatura colombiana, es parte de esta historia reciente que aún vivimos y no tenemos que contar como pasado, es alguien que seguirá, si Dios lo permite, llenándonos de palabras y de sueños. No quiero terminar sin mencionar a alguien que ha sido fundamental para él, su esposa Mary: “No sé qué hubiese sido de mí si no se aparece en el camino Mary, aquella muchacha discreta y amorosa que coleccionaba sin conocerme el puñado de palabras que he escrito desde niño en los periódicos. En medio de las tinieblas, cuando todo parece perdido en el oleaje sin sentido de la sobrevivencia, llega siempre ella con una flor. Con una piedra que ha salvado de las aguas. Con un pedazo de vidrio que ella pule para convertirlo en estrella. Con un pájaro que se ha escapado de repente de nuestras manos.” Gustavo: Sigue despojándonos de este disfraz que nos obligan a cargar y llévanos desnudos al interior de tus emociones, para poder anidar y procrear sentimientos en un mundo de paz.
La Ermita del Cabrero, Ermita de Nuestra Señora de las Mercedes
Rafael Wenceslao Núñez Moledo, “El Regenerador”, ganó las elecciones contra la oposición radical, en 1884, siendo éste su segundo gobierno. Le correspondió enfrentar la guerra civil de 1885, promovida por el liberalismo radical para derrocarlo a él y a la Regeneración. Los combates más importantes fueron los del Río Sonso, Santa Bárbara de Cartago, Cartagena, La Humareda y El Salado. Para Rafael Núñez, la libertad tenía que someterse al orden, pensamiento contrario al de los jefes del radicalismo liberal, cuya consigna era la libertad absoluta.
Traigo a colación estas notas de historia, para entender cuál fue el motivo que impulsó a Doña Soledad Román de Núñez a construir en 1885, la Ermita de Nuestra Señora de las Mercedes. Ordenó realizar esta obra, cumpliendo una promesa hecha a la Virgen de las Mercedes para que salvara a Cartagena, sitiada por el general rebelde Ricardo Gaitán Obeso, en esa absurda guerra civil de 1885. Su diseño arquitectónico muestra una gran influencia del neogótico utilizado por las iglesias protestantes de Estados Unidos, el cual floreció en las islas del Caribe a finales del S.XIX.
Destacan sus torres cónicas rematadas en la punta, con una cruz. Su estilo es tan particular que sobresale en nuestro entorno urbano, pues en Cartagena es la única iglesia con estas características. Reposan en esta capilla, los restos de este inmortal y meritorio cartagenero y su esposa Soledad Román.
Traigo a colación estas notas de historia, para entender cuál fue el motivo que impulsó a Doña Soledad Román de Núñez a construir en 1885, la Ermita de Nuestra Señora de las Mercedes. Ordenó realizar esta obra, cumpliendo una promesa hecha a la Virgen de las Mercedes para que salvara a Cartagena, sitiada por el general rebelde Ricardo Gaitán Obeso, en esa absurda guerra civil de 1885. Su diseño arquitectónico muestra una gran influencia del neogótico utilizado por las iglesias protestantes de Estados Unidos, el cual floreció en las islas del Caribe a finales del S.XIX.
Destacan sus torres cónicas rematadas en la punta, con una cruz. Su estilo es tan particular que sobresale en nuestro entorno urbano, pues en Cartagena es la única iglesia con estas características. Reposan en esta capilla, los restos de este inmortal y meritorio cartagenero y su esposa Soledad Román.
Una Mirada en el Silencio
Robar un rostro y devolverlo impreso, capturar miradas llenas de fuerza, limpias y auténticas, saber ver la luz en los rostros, revelar el espíritu y la esencia del protagonista, es el verdadero reto de un retrato. El retrato bien logrado, revela una verdad oculta. Una arruga, una lágrima, una sonrisa, una mirada, un mechón de pelo, el brillo o la opacidad de unos ojos, la luz en las facciones, son todos elementos indiscutiblemente humanos. El retrato percibe tanto el espíritu del autor como el del protagonista y nos descubre el lugar y el tiempo en el cual vivieron. Desde los inicios de la fotografía, esta práctica se realizaba, siendo los primeros y más destacados fotógrafos retratistas, Nadar, Julia Margaret Cameron, Etienne Cariat, Antoine Samuel y Fernando Navarro entre muchos más que se dedicaron a esta actividad, desde el siglo XIX. El fin era meramente estético y artístico; éstos actuaban más como pintores con una nueva herramienta. En su momento, ésta actividad creó una gran polémica, para finalmente ser reconocida como una nueva tendencia artística. Éstos fotógrafos seguían los cánones estéticos de la pintura, y a su vez, la pintura también se ha valido siempre, de la fotografía para su desarrollo. Hoy en día las técnicas han cambiado, pero la esencia es la misma. El retrato es la luz del silencio, es el plano que guarda celoso la inmortalidad.
Hoteles en Cartagena De Indias
Cartagena no ha sido siempre una ciudad turística, si nos remontamos a los primeros años de vida republicana, ésta era una ciudad ruinosa y abandonada, pero desde finales del siglo XIX, la economía en Cartagena resurge, gracias a la navegabilidad del Canal del Dique y a la construcción del ferrocarril Calamar-Cartagena, sin embargo ésta no contaba con una infraestructura hotelera; en un principio se adecuan algunas casas familiares para brindar alojamiento a los escasos visitantes, pero ya a finales de la década de 1910, se inicia el turismo de cruceros por el Caribe, provenientes principalmente de Estados Unidos y Europa. En un informe del gobierno norteamericano en 1921, dice: “...se atraerían miles de turistas anualmente, si se ofrecieran buenos hoteles para la temporada de invierno, debido a sus fuertes antiguos y otros monumentos históricos de interés, que ameritan una visita de una semana...*”Cartagena de Indias en el siglo XX”.
Repasemos un poco cuáles han sido los hoteles que han existido a lo largo de los años:1870 Hotel Americano Walters, en la Calle de la Universidad (hoy Edificio Ganem), Hotel y Club Cartagena, abierto en 1879 en la calle del Estanco del Tabaco, 1884 Hotel y restaurante Bolívar, en la Calle San Juan de Dios, 1895 Hotel Pereira, frente a la Plaza de San Agustín, 1900 Hotel Washington, 1901 Hotel Vélez cerca de la iglesia de Santo Toribio, 1910-1913 Hoteles New York, en la Plaza de la Aduana, Hotel Antioquia y Magdalena, en la Plaza de San Agustín, Hotel Núñez, frente a la Plaza de Bolívar, Hotel Santander en la Plaza de la Inquisición. Eran la mayoría hospedajes sencillos, en ese momento no existía la industria del turismo. Hacia 1930, Cartagena inicia su desarrollo hacia Bocagrande, y dentro del proceso de impulsar a la ciudad hacia la industria del turismo, se construye el Hotel Caribe en 1945, cuyo diseño imitaba al Hotel del Prado de Barranquilla. A finales de los años 50, se inicia el desarrollo de pequeños hoteles en Bocagrande, como el Hotel Quinta Avenida, Flamingo, Avenida, Playa, Lido, Residencias Bocagrande, París. En la década de los 70 aparecen en el panorama hoteles como Las Velas, Capilla del Mar, El Dorado, Decamerón y Cartagena Hilton. Debido a la infraestructura hotelera que se desarrolla en el sector de Bocagrande y a sus playas, éste se considera el centro turístico más importante del país, hasta la década de los 80, cuando la carencia de planificación, causa una crisis por la falta de vías y servicios públicos adecuados. Es así, como la mirada se regresa al centro histórico donde se inicia la restauración de valiosos claustros para convertirlos en grandes hoteles.
Hoy en día, siguiendo las tendencias de otros centros históricos, están proliferando los llamados hoteles boutique, los cuales aprovechan al máximo el gran valor arquitectónico del casco antiguo.
Repasemos un poco cuáles han sido los hoteles que han existido a lo largo de los años:1870 Hotel Americano Walters, en la Calle de la Universidad (hoy Edificio Ganem), Hotel y Club Cartagena, abierto en 1879 en la calle del Estanco del Tabaco, 1884 Hotel y restaurante Bolívar, en la Calle San Juan de Dios, 1895 Hotel Pereira, frente a la Plaza de San Agustín, 1900 Hotel Washington, 1901 Hotel Vélez cerca de la iglesia de Santo Toribio, 1910-1913 Hoteles New York, en la Plaza de la Aduana, Hotel Antioquia y Magdalena, en la Plaza de San Agustín, Hotel Núñez, frente a la Plaza de Bolívar, Hotel Santander en la Plaza de la Inquisición. Eran la mayoría hospedajes sencillos, en ese momento no existía la industria del turismo. Hacia 1930, Cartagena inicia su desarrollo hacia Bocagrande, y dentro del proceso de impulsar a la ciudad hacia la industria del turismo, se construye el Hotel Caribe en 1945, cuyo diseño imitaba al Hotel del Prado de Barranquilla. A finales de los años 50, se inicia el desarrollo de pequeños hoteles en Bocagrande, como el Hotel Quinta Avenida, Flamingo, Avenida, Playa, Lido, Residencias Bocagrande, París. En la década de los 70 aparecen en el panorama hoteles como Las Velas, Capilla del Mar, El Dorado, Decamerón y Cartagena Hilton. Debido a la infraestructura hotelera que se desarrolla en el sector de Bocagrande y a sus playas, éste se considera el centro turístico más importante del país, hasta la década de los 80, cuando la carencia de planificación, causa una crisis por la falta de vías y servicios públicos adecuados. Es así, como la mirada se regresa al centro histórico donde se inicia la restauración de valiosos claustros para convertirlos en grandes hoteles.
Hoy en día, siguiendo las tendencias de otros centros históricos, están proliferando los llamados hoteles boutique, los cuales aprovechan al máximo el gran valor arquitectónico del casco antiguo.
Parque Bolívar de Cartagena De Indias
“El día de la inauguración, la luz del sol jugaba con los chorros de las cuatro fuentes que aún existen, causando admiración del público. Los cartageneros de entonces nos extasiábamos ante aquel “petit versalles”. Nunca habíamos visto el agua subir sino dentro del balde del aljibe”. (Don Daniel Lemaitre-Corralito de piedra-1949).
Era la Plaza Mayor de la antigua ciudad, la cual fue conocida con otros nombres: Plaza de la Catedral y Plaza de la Inquisición. En 1887, Don Henrique L. Román plantea la idea de construir ahí un parque dedicado a la memoria de Simón Bolívar. En sus inicios esta idea no fue bien recibida por algunos, pues en esa plaza se realizaban las fiestas de toros o corralejas en el mes de noviembre, pero esto se solucionó gracias a la intervención de Don Pedro Vélez Martínez, quien construyó en 1893, la primera plaza de toros, ubicada enfrente de la actualmente destruida Plaza de la Serrezuela. Se iniciaron entonces los trazados de la plaza, encargándole la obra al prestigioso arquitecto cartagenero, Luis Felipe Jaspe. La hermosa verja de hierro, fue trabajada en el taller del General Pedro Martínez y las elegantes puertas metálicas fueron traídas de Barcelona. Terminados los trabajos, se inaugura el parque en 1892, sin la estatua, pero con cuatro fuentes, verja, piso de mármol y faroles. En la zona central se colocó una caja con medallas y un pergamino con la firma del ilustre Dr. Rafael Núñez. Sobre esa cajuela se erigió en 1896, la estatua del Libertador, modelada en Munich por el escultor venezolano Eloy Palacio.
A partir de 1925, el parque empieza a sufrir un rápido deterioro; en 1930, las fuentes son convertidas en macetas. Después de varios años de variadas intervenciones, en 1991 el alcalde Manuel Domingo Rojas, promueve la restauración de las fuentes, y en 1999, el Dr. Miguel Raad, gobernador de entonces, asume la restauración del parque; es así como gracias al minucioso trabajo realizado en el 2000, por un selecto grupo de profesionales, bajo la dirección del arquitecto Fidias Álvarez, podemos hoy en día contar con esta hermosa obra republicana, donde el cielo es verde y el aliento de la ciudad se respira, donde el poeta piensa y observa la soledad de los hombres, donde los emboladores entregan a los extranjeros sus trucos de amor, donde mi padre me enseñó a conocer al hombre, a los “cuernavacos” y la vida libre de los periodistas y escritores, la vida de los verdaderos bohemios de Cartagena.
Era la Plaza Mayor de la antigua ciudad, la cual fue conocida con otros nombres: Plaza de la Catedral y Plaza de la Inquisición. En 1887, Don Henrique L. Román plantea la idea de construir ahí un parque dedicado a la memoria de Simón Bolívar. En sus inicios esta idea no fue bien recibida por algunos, pues en esa plaza se realizaban las fiestas de toros o corralejas en el mes de noviembre, pero esto se solucionó gracias a la intervención de Don Pedro Vélez Martínez, quien construyó en 1893, la primera plaza de toros, ubicada enfrente de la actualmente destruida Plaza de la Serrezuela. Se iniciaron entonces los trazados de la plaza, encargándole la obra al prestigioso arquitecto cartagenero, Luis Felipe Jaspe. La hermosa verja de hierro, fue trabajada en el taller del General Pedro Martínez y las elegantes puertas metálicas fueron traídas de Barcelona. Terminados los trabajos, se inaugura el parque en 1892, sin la estatua, pero con cuatro fuentes, verja, piso de mármol y faroles. En la zona central se colocó una caja con medallas y un pergamino con la firma del ilustre Dr. Rafael Núñez. Sobre esa cajuela se erigió en 1896, la estatua del Libertador, modelada en Munich por el escultor venezolano Eloy Palacio.
A partir de 1925, el parque empieza a sufrir un rápido deterioro; en 1930, las fuentes son convertidas en macetas. Después de varios años de variadas intervenciones, en 1991 el alcalde Manuel Domingo Rojas, promueve la restauración de las fuentes, y en 1999, el Dr. Miguel Raad, gobernador de entonces, asume la restauración del parque; es así como gracias al minucioso trabajo realizado en el 2000, por un selecto grupo de profesionales, bajo la dirección del arquitecto Fidias Álvarez, podemos hoy en día contar con esta hermosa obra republicana, donde el cielo es verde y el aliento de la ciudad se respira, donde el poeta piensa y observa la soledad de los hombres, donde los emboladores entregan a los extranjeros sus trucos de amor, donde mi padre me enseñó a conocer al hombre, a los “cuernavacos” y la vida libre de los periodistas y escritores, la vida de los verdaderos bohemios de Cartagena.
LA FOTOGRAFÍA AYER: RETOQUE, LA FOTOGRAFÍA HOY: ¿RETOQUE O MANIPULACIÓN?
Siempre, en cualquier tema, las mayores dificultades las encontramos cuando llega el momento de marcar los límites, cuando determinar hasta dónde algo es aceptable o discutible. La fotografía, como cualquier profesión, tiene muchísimas vertientes: la fotografía social, la documental o periodística, la artística, la publicitaria, etc. Cito esto, pues dependiendo del uso y fin de la imagen, las alteraciones pueden considerarse éticas o no. La fotografía periodística o documental, tiene un compromiso ineludible con la verdad, por lo tanto, su trabajo debe ser presentado sin alteraciones, caso diferente a la fotografía artística o publicitaria, cuyo fin es otro. Sin embargo, un buen fotógrafo es aquel que hace la foto al momento de hacer clic, y no sentado horas y horas frente a un computador, pues el ojo del buen fotógrafo, es ese capaz de ver más allá, es el que logra mostrar lo que percibe, es ese que consigue que su foto nos cuente más cosas que la sola imagen inmediata. Cuando vemos una foto, se supone que estamos leyendo una realidad, en cambio en pintura (que también son imágenes), el artista es dueño de su imaginación, por lo tanto, el fotógrafo solo puede ser dueño de la suya, cuando para el espectador es claro el uso de la técnica, cuando es evidente esa manipulación, es decir, cuando no nos sentimos engañados con intensidades “sutiles”. Hay que saber distinguir entre retoque y manipulación y el uso ético de las técnicas. Desde que existe la fotografía existe el retoque, el cual podía convertir un negativo con muchas manchas, en una imagen nítida, o una foto en blanco y negro convertirla en una llena de color; también ha existido siempre la recuperación y restauración. Hoy en día el retoque ha sido tomado de una manera muy ligera, tanto, que me pregunto si nuestros nietos podrán aprender una historia sin mentiras, si el famoso refrán: “una imagen vale más que mil palabras”, se podrá seguir utilizando. Más de un nieto se preguntará por qué su abuela tiene las cejas juntas y gruesas, si de joven en la foto de la pared se ven separadas y finas. Es tan peligroso no respetar los límites, que podemos estar enfrentándonos a un mundo exento de verdades, donde la identidad del ser humano se pierde y donde solo valen los estereotipos que nos venden los medios de comunicación. También es cierto que vemos muchas veces fotos manipuladas no por su autor, sino por quien las publica; además de la falta de ética, esta práctica quebranta el derecho de autor, el cual prohíbe la alteración de una obra de arte o de una fotografía. Cuando se es autor de una foto, es igual que el autor de un escrito, jamás podremos hablar de Cien años de soledad, obviando el nombre de su autor Gabriel García Márquez. Quien crea algo, es dueño de esa creación por siempre, y no es permitido que nadie lo manipule, lo cambie u omita su nombre como autor, aún cuando le compren la obra. Si un pintor vende un cuadro, no le borran su firma del mismo, ni le agregan pinceladas. Algo tenemos que tener siempre presente: la fotografía nos debe hablar con la verdad, jamás debe tratar de engañar al espectador, cuando se manipula debe ser evidente, al hacer un retoque es para restablecer la realidad, no para cambiarla. Si esto no se controla, no podremos ni siquiera creer en lo que nos dicen las imágenes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)