La mujer es un ser inmortal, las mujeres de ayer, las de hoy y de mañana. A los 40, los 50 o más, no eres una anciana, no estás en el declive de la vida, empiezas a disfrutarla desde otra perspectiva. Es cuando tu seguridad y la aceptación de ti misma llegó a su plenitud, te conoces perfectamente, estás consciente de tus virtudes y defectos, pero sobre todo tienes la experiencia suficiente para vivir con ellos. Sabes hacerte valer y sabes darte tu lugar y ganarte el respeto de todos. Decides si esto o aquello te hace feliz, y si no, simplemente pasas a otra cosa. Tienes a tu disposición mil y un avances tecnológicos y científicos para hacer tu vida más cómoda y sin complicaciones. Y sobre todo, te dedicas tiempo a ti misma, te consientes y te mimas.
En este período han pasado las privaciones, sacrificios (no preocupaciones) de la maternidad, ahora podemos vivir plenamente con nuestra mente y nuestro cuerpo. Buscar nuevos horizontes, ya con la experiencia del camino recorrido, pisando fuerte, firme y con gran seguridad. Hoy las mujeres de más de 4, 5, 6... décadas, estamos llenas de ímpetu, pasión, valor, ganas de hacer cosas, cargadas de una vital actitud. Somos médicos, cajeras, obreras, arquitectas, científicas, intelectuales, amas de casa... casadas, separadas, solteras, madres , hijas, hermanas, nietas, abuelas, esposas, amigas, amantes... Somos mujeres apetecidas, marcadas con las huellas que nos deja la experiencia, pero en perfecto estado de revista, somos lindas!. Necesitamos lentes para leer, pero no para vivir, pues la visión de nuestra mente está más clara que nunca, porque nos vemos como somos realmente. Así, como nos ven ustedes en estas imágenes....... con el físico que nos merecemos y que nos hemos labrado. Aquí estamos porque nos amamos, amamos y deseamos que nos amen. Pensamiento sincero del S.XXI.
viernes, 25 de junio de 2010
ÉRASE UNA VEZ, BOCAGRANDE...
Si bien es cierto que Bocagrande se destaca por su aspecto moderno, también encontramos que forma parte de toda esa historia que distingue a Cartagena. Una de las primeras obras de Ingeniería Militar (mediados del S. XVIII), fue la muralla submarina ó escollera que se construyó en la principal entrada a la bahía, la de Bocagrande. Esta impedía el paso hacia la bahía entre la isla de Tierra Bomba y la península de Bocagrande. Tuvo dos fuertes: en la Punta de Icacos (fuerte Vargas, finales S.XVI y San Matías,) y en Punta Judío, hoy Club Naval (fuerte de Santa Cruz, mediados S.XVII). En 1893, se construyó el Muelle La Machina, en la entrada de Bocagrande, el cual fue primordial para la recuperación de la economía cartagenera.
Su presencia en el trazado de la ciudad, nos brinda una propuesta urbana resultado del ensanche obligado de la villa colonial y republicana, creándose un modelo de barrio suburbano norteamericano. La Urbanización de Bocagrande como tal, se inició a fines de la década de 1920, cuando la compañía canadiense Andian National Corporation se estableció en Cartagena, hecho que tuvo una gran influencia para la ciudad en cuanto a economía, fisonomía y sociedad. La finalidad de esta compañía era la construcción de un oleoducto para la explotación de petróleo.
En 1921 la Andian compra el Muelle de la Machina, para ese mismo tiempo urbanizó el sector de Bocagrande, donde construyó viviendas para sus empleados y vendió lotes para que también hicieran sus casas personas no vinculadas a la empresa. En 1926 la Andian construía 17 casas y un Club Social para sus empleados. En 1941 la Armada Nacional ubica su Escuela, donde permanece por 20 años, hasta que se traslada a la Isla de Manzanillo.
En 1941, el arquitecto cubano Miguel Carrera y el Ingeniero Enrique Zeizel, iniciaron la construcción del Hotel Caribe, el cual fue ubicado en un área desierta en la península: Punta Icacos. Abrió sus puertas en enero de 1946, convirtiéndose en poco tiempo, en uno de los más atractivos centros sociales de Cartagena. En la década de los 50 aparecen el Hospital de Bocagrande y la Iglesia del Perpetuo Socorro. Desde entonces, Bocagrande ha tenido un desbordado crecimiento, convirtiéndose en un barrio que lo soporta todo, desde ventas irregulares, hasta construcciones del más alto estrato social.
Su presencia en el trazado de la ciudad, nos brinda una propuesta urbana resultado del ensanche obligado de la villa colonial y republicana, creándose un modelo de barrio suburbano norteamericano. La Urbanización de Bocagrande como tal, se inició a fines de la década de 1920, cuando la compañía canadiense Andian National Corporation se estableció en Cartagena, hecho que tuvo una gran influencia para la ciudad en cuanto a economía, fisonomía y sociedad. La finalidad de esta compañía era la construcción de un oleoducto para la explotación de petróleo.
En 1921 la Andian compra el Muelle de la Machina, para ese mismo tiempo urbanizó el sector de Bocagrande, donde construyó viviendas para sus empleados y vendió lotes para que también hicieran sus casas personas no vinculadas a la empresa. En 1926 la Andian construía 17 casas y un Club Social para sus empleados. En 1941 la Armada Nacional ubica su Escuela, donde permanece por 20 años, hasta que se traslada a la Isla de Manzanillo.
En 1941, el arquitecto cubano Miguel Carrera y el Ingeniero Enrique Zeizel, iniciaron la construcción del Hotel Caribe, el cual fue ubicado en un área desierta en la península: Punta Icacos. Abrió sus puertas en enero de 1946, convirtiéndose en poco tiempo, en uno de los más atractivos centros sociales de Cartagena. En la década de los 50 aparecen el Hospital de Bocagrande y la Iglesia del Perpetuo Socorro. Desde entonces, Bocagrande ha tenido un desbordado crecimiento, convirtiéndose en un barrio que lo soporta todo, desde ventas irregulares, hasta construcciones del más alto estrato social.
SINTIENDO LA PIEL DE COLOMBIA
La seguridad es un componente imprescindible para el desarrollo económico y social de una nación. Las Fuerzas Armadas juegan un rol fundamental; son ellas en esencia, una reserva, una bodega de responsabilidad, cumplimiento, respeto y honor.
Hoy en día las Fuerzas Armadas están concebidas como una entidad que fortalece a la sociedad civil, creándose una fuerte alianza que captura el sentir de una nación. Ellas no sólo defienden la libertad y la paz de nuestro territorio, defienden también nuestra historia y nuestras tradiciones. Son esos ojos que vigilan nuestro presente y futuro, es esa piel que nos protege y cubre.
Si nos remontamos a nuestra historia, podemos comprender el por qué hoy nuestro país es poseedor de tan insigne institución: “Los Buques de Guerra colombianos que conforman la Fuerza de Superficie, surcan las aguas nacionales desde los albores mismos de la independencia, donde se impulsó la creación de la primera Armada de carácter nacional. Sus hombres fueron en su mayoría improvisados marinos patriotas. El 24 de Julio de 1.823, en el lago de Maracaibo, a pesar de la superioridad de fuerzas marítimas enemigas, la Fuerza de Superficie colombiana, bajo el mando del Almirante José Prudencio Padilla, con 22 buques de 65 cañones, derrota en forma definitiva la escuadra española, que al mando del Almirante Laborde, contaba con 32 buques de 67 cañones. Padilla causa así una pérdida irreparable al poderío naval español, expulsando definitivamente los buques de la Madre Patria del teatro de Operaciones en el cual se gestó la libertad de la Gran Colombia.”
Como constancia de esta historia, hoy podemos saborear las imágenes de esos buques que siendo jóvenes y briosos, guiados por marineros aguerridos y valientes, que en el pasado defendieron nuestras aguas y nuestro territorio, de esa misma forma, hoy contamos con una fuerza enriquecida de tecnología, pero con la misma hidalguía y valor humano.
Este año, la Flotilla de Superficie de la Fuerza Naval del Caribe, conmemora 20 años, veinte años de doblegar la fuerza del mar, del viento y la naturaleza, amando el sabor salado que la mar deja en los labios, labrando la firmeza del agua, unidos hombre, buque y mar.
Colombia está anclada entre dos Océanos, tiene la fortuna de estar cercada por ese límite cálido, suave y susurrante, el cual nos convierte en territorio fuerte, pero a la vez vulnerable, es por esto, que la permanente labor de nuestros marinos protectores, no puede tener descanso.
Hoy en día las Fuerzas Armadas están concebidas como una entidad que fortalece a la sociedad civil, creándose una fuerte alianza que captura el sentir de una nación. Ellas no sólo defienden la libertad y la paz de nuestro territorio, defienden también nuestra historia y nuestras tradiciones. Son esos ojos que vigilan nuestro presente y futuro, es esa piel que nos protege y cubre.
Si nos remontamos a nuestra historia, podemos comprender el por qué hoy nuestro país es poseedor de tan insigne institución: “Los Buques de Guerra colombianos que conforman la Fuerza de Superficie, surcan las aguas nacionales desde los albores mismos de la independencia, donde se impulsó la creación de la primera Armada de carácter nacional. Sus hombres fueron en su mayoría improvisados marinos patriotas. El 24 de Julio de 1.823, en el lago de Maracaibo, a pesar de la superioridad de fuerzas marítimas enemigas, la Fuerza de Superficie colombiana, bajo el mando del Almirante José Prudencio Padilla, con 22 buques de 65 cañones, derrota en forma definitiva la escuadra española, que al mando del Almirante Laborde, contaba con 32 buques de 67 cañones. Padilla causa así una pérdida irreparable al poderío naval español, expulsando definitivamente los buques de la Madre Patria del teatro de Operaciones en el cual se gestó la libertad de la Gran Colombia.”
Como constancia de esta historia, hoy podemos saborear las imágenes de esos buques que siendo jóvenes y briosos, guiados por marineros aguerridos y valientes, que en el pasado defendieron nuestras aguas y nuestro territorio, de esa misma forma, hoy contamos con una fuerza enriquecida de tecnología, pero con la misma hidalguía y valor humano.
Este año, la Flotilla de Superficie de la Fuerza Naval del Caribe, conmemora 20 años, veinte años de doblegar la fuerza del mar, del viento y la naturaleza, amando el sabor salado que la mar deja en los labios, labrando la firmeza del agua, unidos hombre, buque y mar.
Colombia está anclada entre dos Océanos, tiene la fortuna de estar cercada por ese límite cálido, suave y susurrante, el cual nos convierte en territorio fuerte, pero a la vez vulnerable, es por esto, que la permanente labor de nuestros marinos protectores, no puede tener descanso.
TOMEMOS LOS HILOS DE LAS LETRAS
Nos disponemos a disfrutar y vivir la cuarta versión del Hay festival y por tal motivo nos sentimos inspirados a remontarnos al nacimiento y desarrollo del periodismo y la literatura en Cartagena. El periodismo en nuestra ciudad, nace en el siglo XIX, con el diario El Porvenir, guiado por la mano e ideas de nuestro incomparable Rafael Núñez, quien se valía libremente de la poesía, siendo ésta su instrumento de expresión de pensamientos e ideales; pero si me dispongo a hablar sobre poesía y periodismo en Cartagena, debo remitirme inevitablemente a nuestro inolvidable Jorge García Usta, a quien Dios, a pesar del poco tiempo que le prestó, le regaló tanto talento, tanta sensibilidad y amor por lo que le rodeaba, que pudo perpetuar por siempre todos esos sentimientos e ideas que burbujeaban en su cabeza, soltando letras que caían como pájaros que revolotean eternamente, para no permitirnos olvidar jamás la belleza de lo simple y cotidiano de una ciudad dormida en su costumbre de ser hermosa. Intentar resumir y ser justos con el inmenso valor literario de nuestra región Caribe y sus protagonistas, es tarea imposible de cumplir, por lo tanto, acudiré al ejemplar trabajo ya realizado por Jorge, en su ensayo:”Periodismo y literatura en Cartagena en el siglo XX”.-Los cronistas llaman al orden- : “A finales de los años treinta, aparece uno de los experimentos literarios más importantes de este siglo en Cartagena, el grupo Mar y Cielo. Los escritores de Mar y Cielo participan en la vida cultural de la ciudad e introducen también revisiones de la literatura nacional y de la tradicional española. .... Una aparente decisión del azar reúne en 1948 en Cartagena, a lo que hemos llamado el Grupo Cartagena, uno de cuyos integrantes, Ibarra Merlano, hizo parte de Mar y Cielo, otro, Rojas Herazo. El Grupo Cartagena es uno de los fenómenos culturales más importantes de este siglo para la literatura y la cultura costeñas y colombianas. Las contribuciones del Grupo Cartagena al periodismo y a la literatura de la ciudad son gigantescas, pero nos referiremos a unas pocas: la redefinición de los géneros periodísticos como espacios de posibilidades literarias, lo que los lleva a utilizar en el caso de Rojas Herazo y García Márquez, un lenguaje y una estructura literarias en sus columnas de prensa. El nacimiento de un diario liberal como El Universal, de Domingo López Escauriaza, no hubiera significado mayor cosa dentro de una historia periodística más o menos monótona y politicista, si no aparece una de las figuras capitales del periodismo colombiano de este siglo, Clemente Manuel Zabala, silencioso eje de la renovación del periodismo y la literatura regionales. En esa misma década, en la corriente reformadora y abierta de Zabala, la obra divulgativa de Santiago Colorado fomenta la publicación del cuento, un género no muy explorado hasta los años 70. Alfredo Pernett, representante del espíritu de Torices, refleja los hábitos, mentalidades y filosofías del mundo popular. Aníbal Esquivia Vásquez, quien tramita los signos de la modernidad literaria y logra horadar los muros del predominio historiográfico con los aires profundos y divertidos de la crónica urbana, seguidor del espíritu crítico de López y de su filosofía... Desde la librería Mogollón hasta la librería de Pío Alfonso García, que mantuvieron la divulgación de las novedades literarias universales; desde la revista rojo y Azul, que albergó los primeros versos juveniles de Luis Carlos López, y el grupo de la revista Líneas, hasta los lunes literarios de El Fígaro, que dieron alojo a la saludable revuelta maricielista, o las páginas de Muros, que dirigió Moisés Pinaud, en las que sobresale el talento de cronista de Esquivia Vásquez, desde las páginas de Arte y Letras de Blasco Caballero o Letras de Santiago Colorado, hasta las páginas de Cine Arte Bolívar o Voces en El Universal, desde la novela histórica de Germán Espinosa y el cuento carnavalesco de Burgos Cantor, hasta la novela existencial de Alberto Sierra y la poesía popular de Pedro Blas Julio; desde el desparpajo humorístico de la revista La Caterva, hasta la rebelión múltiple de la revista En tono menor, obras que registran otras sensibilidades literarias, política y sexuales, como las de Gómez Jattin: en todos estos esfuerzos la búsqueda de la modernidad literaria y periodística ha logrado establecer las más significativas continuidades de su espíritu hasta llegar al final del siglo con un inventario que, sin duda, dejó atrás la pobreza descrita por el tuerto López en uno de sus momentos más amargos y conmovedores”. Así como Jorge García Usta nos lleva de la mano manteniéndonos despiertos, golpeándonos la memoria mientras nos cuenta nuestra historia literaria, es necesario que continuemos ese hilo y caminemos por la ruta marcada por otros personajes que nos llenan con el poder infinito de las letras, como son: Juan Zapata Olivella, la huella de Jorge Artel, Eduardo Lemaitre, Rómulo Bustos, Gustavo Tatis, Burgos Ojeda... son tantos y tantos que permanecen en la fortaleza de nuestro corazón, pero que escapan a la fragilidad de nuestra memoria.
LAS HORAS SE CUENTAN EN LA PIEL DE LA CIUDAD
“El silencio me llama a gritos, con sus pasos flacos y lánguidos, me lleva hasta el rincón oscuro del patio de la ciudad. Aquí los fantasmas viven libres, alimentando la memoria de los vivos. Se puede sentir el olor a limón, a tajadas maduras y sofrito recién hecho. En mi cuello explotan vapores y sudores, de repente entra en mí una refrescante bocanada de aire y en medio de un suave viento vuelan los deseos de una ciudad libre de la mezquindad del hombre. Por segundos creí que sería realidad. Mi mente era un torbellino. ¡Cartagena libre de verdad! ¡Ésta es la verdadera independencia, esto si lo debemos celebrar! Cartagena de Indias, limpia, organizada, todos cumpliendo con nuestras obligaciones, no hay invasiones, no hay informalidad, todo es legal, existe respeto por las normas.... arrastré la esperanza hasta la siguiente curva del camino, pero la realidad tomó mi mano...”
En Cartagena la realidad urbana no ha sido muy diferente al del resto de las ciudades colombianas, las cuales han crecido bajo un proceso acelerado, que no les ha permitido adoptar un orden racional; uno de estos elementos es el de las constantes migraciones causadas por los diferentes actores de nuestra historia, que lo único que finalmente han logrado es convertir la pobreza y el despojo rural en pobreza y desconcierto urbano, lo cual nos da como resultado hoy, una ciudad desprovista de orden, donde nacen y cabalgan a gran velocidad, núcleos humanos espontáneos sin ningún tipo de control. Así podemos ver cómo se entremezclan de manera espontánea y desordenada asentamientos nuevos y viejos, creando grandes cinturones de miseria que miran desde sus límites la verticalidad de una ciudad que con otra cara se enfrenta al exterior, porque Cartagena recibe otro tipo de inmigración: aquella con capacidad económica para revitalizar nuestro centro histórico, reforzar el sector industrial y turístico. Esto convierte a la ciudad en un gran buffet donde el que puede acercarse a la mesa, podrá saborear suculentos platos, o simplemente recoger las migajas que caen. Es por esto que debemos entender que jamás el urbanismo podrá desligarse de la cultura, la economía, la política y la ética; son estos elementos básicos para crear una sociedad, los cuales deben ser manejados por profesionales idóneos, cargados de sabiduría, pues son ellos los únicos que finalmente serán la conciencia de las ciudades. El arquitecto está obligado a ser dueño de una visión creadora y organizadora, debe ser capaz de ver en el vacío y al mismo tiempo poder dar continuidad a una construcción que evoluciona con el paso del tiempo, sin obviar la profundidad histórica que el contexto abarca. Es el arquitecto el responsable de dibujar en la piel de la ciudad sus horas vividas, sin manchones, sin borrones, con una pulcritud autónoma, sin copias de modelos foráneos que se desmoronen con el primer soplo de desarrollo. Es por esto, que el arquitecto debe ser primero urbanista, para después poder acercarse a la creación de las formas internas de la ciudad. En arquitectura se estructuran espacios y volúmenes, en urbanismo se estructura a la sociedad, con la ocupación y usos del suelo. Ambos deben estar en completa comunión y lograr un óptimo equilibrio y armonía, pues la composición ordenada es la esencia de la vida misma y de ella se ha de partir para la creación, desarrollo y continuidad de las ciudades.
En Cartagena la realidad urbana no ha sido muy diferente al del resto de las ciudades colombianas, las cuales han crecido bajo un proceso acelerado, que no les ha permitido adoptar un orden racional; uno de estos elementos es el de las constantes migraciones causadas por los diferentes actores de nuestra historia, que lo único que finalmente han logrado es convertir la pobreza y el despojo rural en pobreza y desconcierto urbano, lo cual nos da como resultado hoy, una ciudad desprovista de orden, donde nacen y cabalgan a gran velocidad, núcleos humanos espontáneos sin ningún tipo de control. Así podemos ver cómo se entremezclan de manera espontánea y desordenada asentamientos nuevos y viejos, creando grandes cinturones de miseria que miran desde sus límites la verticalidad de una ciudad que con otra cara se enfrenta al exterior, porque Cartagena recibe otro tipo de inmigración: aquella con capacidad económica para revitalizar nuestro centro histórico, reforzar el sector industrial y turístico. Esto convierte a la ciudad en un gran buffet donde el que puede acercarse a la mesa, podrá saborear suculentos platos, o simplemente recoger las migajas que caen. Es por esto que debemos entender que jamás el urbanismo podrá desligarse de la cultura, la economía, la política y la ética; son estos elementos básicos para crear una sociedad, los cuales deben ser manejados por profesionales idóneos, cargados de sabiduría, pues son ellos los únicos que finalmente serán la conciencia de las ciudades. El arquitecto está obligado a ser dueño de una visión creadora y organizadora, debe ser capaz de ver en el vacío y al mismo tiempo poder dar continuidad a una construcción que evoluciona con el paso del tiempo, sin obviar la profundidad histórica que el contexto abarca. Es el arquitecto el responsable de dibujar en la piel de la ciudad sus horas vividas, sin manchones, sin borrones, con una pulcritud autónoma, sin copias de modelos foráneos que se desmoronen con el primer soplo de desarrollo. Es por esto, que el arquitecto debe ser primero urbanista, para después poder acercarse a la creación de las formas internas de la ciudad. En arquitectura se estructuran espacios y volúmenes, en urbanismo se estructura a la sociedad, con la ocupación y usos del suelo. Ambos deben estar en completa comunión y lograr un óptimo equilibrio y armonía, pues la composición ordenada es la esencia de la vida misma y de ella se ha de partir para la creación, desarrollo y continuidad de las ciudades.
ANTES DE AYER, AYER Y HOY: No siempre todo tiempo pasado fue mejor.
La nostalgia nos hace recordar solo lo bueno, pero el presente del ser humano debe ser siempre mejor que su pasado, sino lo logra, estamos condenados a vivir un presente fotocopiado y repetitivo. La nostalgia en sí misma es hermosa, pero no debemos detenernos en ella, pues tenemos que construir la nostalgia que viviremos en el futuro, porque nosotros hacemos y somos tiempo. Hoy en día los centros históricos no son seres inertes, al contrario, son absolutamente vitales, donde se pasó de ser un receptor inmóvil de subvenciones, a ser activo económicamente, a ser un instrumento para la producción de cultura, de historia sobre la historia y para el desarrollo de la ciudad. Todas esas transformaciones son el resultado de las actividades que sus habitantes han desarrollado, pues vivimos y creamos nuestro entorno de acuerdo a lo que somos socialmente. Cuando una ciudad crece y cambia, las necesidades de la población cambian, por lo tanto su cultura y actividades económicas varían de manera tan radical, como el pasar de la huerta a la industria y de convertir espacios abandonados y destinados a su desaparición, en espacios vivos. Los centros históricos viven una gran complejidad, porque enfrentan en su interior varias fuerzas: la herencia histórica con todas sus tipologías entremezcladas a lo largo de los años, el medio ambiente natural del lugar, el pensamiento y sentir de sus habitantes, los factores económicos y los avances tecnológicos. Todo esto implica que la ciudad ha de ser flexible e ir adaptándose y actuando de acuerdo a las necesidades que cada época le impone. Es por esto, que no podemos pretender que el ayer sea adecuado para el hoy que vivimos, eso es evolución y es una función tan natural como el respirar. El centro histórico de Cartagena, no es solo un testigo mudo de su pasado arrastrando su historia, sino que está actuando aquí y ahora, renovando y transformando la ciudad, sin limitarse solo a los aspectos urbanísticos y arquitectónicos, está afectando todos los ámbitos sociales y económicos, en busca de mejorar nuestra calidad de vida.
-El presente siempre es un segundo, el segundo anterior es pasado y el siguiente es futuro-
-El presente siempre es un segundo, el segundo anterior es pasado y el siguiente es futuro-
MOMPOX TIERRA DE DIOS...
…donde se acuesta uno y amanecen dos, y si sopla el viento, amanece un ciento y si vuelve a soplar, no se pueden contar (Anónimo).
Con mi amigo el extranjero, partimos hacia Mompox, galopando entre el calor, la gente y el asombro de este hombre, que era sorprendido por nuestros paisajes y ocurrencias criollas, como aquella frase escrita en un trozo retorcido de madera que decía: ”baño, se alquila”, o la jugosa sopa de río, adobada con el zumbido de las moscas, el dulce de limón, las sombras sudorosas de los árboles, el olor a ron trasnochado del vendedor de mango, el crujir de ramas secas bajo las patas de las iguanas y la humedad del ambiente que brotaba por nuestros poros, pero solo fue cuando escuché su pregunta ingenua: “¿qué es una Totola?”, al oírnos hablar sobre: “Totó la momposina”, cuando me di cuenta que era cierto, Mompox es tierra de Dios.
Santa Cruz de Mompox, fundada en 1530, fue por mucho tiempo un importante puerto por su privilegiada ubicación dentro de la ruta comercial, en las riberas del río Magdalena, pero el tiempo en Mompox se detuvo, cuando la sedimentación cambió el cauce del río Magdalena, disminuyendo las actividades del pueblo, quedando éste como una isla solitaria y de difícil acceso, pero ha sido esto precisamente, lo que la ha convertido en un lugar lleno de encantos. Hoy es una de las más hermosas joyas arquitectónicas de la colonia, con sus calles tranquilas y apacibles, nos permite respirar un profundo color blanco mezclado con aroma a calor; al caminar parece que escalas letras y recorres páginas de libros de historia, donde nos cuentan cómo su ubicación la protegió de los ataques de piratas y corsarios, permitiéndole desarrollar una arquitectura religiosa y tradicional con un innegable estilo sevillano, contrario a lo que se vivió en Cartagena de Indias, donde las construcciones militares eran primordiales. El trazado urbano en Mompox, es eminentemente lineal, definiéndose a partir de sus tres calles principales: la calle del Río, la calle Real del Medio y la de atrás, todas paralelas al río. Su estado de conservación arquitectónica, sus tradiciones, leyendas y costumbres, le valieron el título otorgado por la UNESCO de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Su principal celebración, es la tradicional festividad religiosa en Semana Santa, engalanada con hermosas leyendas como la de los Cristos Morenos Milagrosos. De su arquitectura religiosa, se destacan las iglesias de La Inmaculada Concepción (1541), Santo Domingo (1544), San Francisco de Asís (1580), San Agustín (1606) Santa Bárbara (1613) y San Juan de Dios (1668). El catolicismo tan profundo y único que caracteriza a Mompox, fue infundido por los españoles, y aún hoy podemos sentir la grandeza de la fe religiosa de esta hermosa villa colonial. No podemos hablar de esta ciudad sin mencionar al poeta Candelario Obeso, ese genio de la poesía moderna colombiana, de cabello ensortijado y espíritu fogoso, que con sus versos navegaba por el río Magdalena y que nos ha hecho entender que la belleza se encuentra en el mundo espiritual y sencillo de la vida popular.
Con mi amigo el extranjero, partimos hacia Mompox, galopando entre el calor, la gente y el asombro de este hombre, que era sorprendido por nuestros paisajes y ocurrencias criollas, como aquella frase escrita en un trozo retorcido de madera que decía: ”baño, se alquila”, o la jugosa sopa de río, adobada con el zumbido de las moscas, el dulce de limón, las sombras sudorosas de los árboles, el olor a ron trasnochado del vendedor de mango, el crujir de ramas secas bajo las patas de las iguanas y la humedad del ambiente que brotaba por nuestros poros, pero solo fue cuando escuché su pregunta ingenua: “¿qué es una Totola?”, al oírnos hablar sobre: “Totó la momposina”, cuando me di cuenta que era cierto, Mompox es tierra de Dios.
Santa Cruz de Mompox, fundada en 1530, fue por mucho tiempo un importante puerto por su privilegiada ubicación dentro de la ruta comercial, en las riberas del río Magdalena, pero el tiempo en Mompox se detuvo, cuando la sedimentación cambió el cauce del río Magdalena, disminuyendo las actividades del pueblo, quedando éste como una isla solitaria y de difícil acceso, pero ha sido esto precisamente, lo que la ha convertido en un lugar lleno de encantos. Hoy es una de las más hermosas joyas arquitectónicas de la colonia, con sus calles tranquilas y apacibles, nos permite respirar un profundo color blanco mezclado con aroma a calor; al caminar parece que escalas letras y recorres páginas de libros de historia, donde nos cuentan cómo su ubicación la protegió de los ataques de piratas y corsarios, permitiéndole desarrollar una arquitectura religiosa y tradicional con un innegable estilo sevillano, contrario a lo que se vivió en Cartagena de Indias, donde las construcciones militares eran primordiales. El trazado urbano en Mompox, es eminentemente lineal, definiéndose a partir de sus tres calles principales: la calle del Río, la calle Real del Medio y la de atrás, todas paralelas al río. Su estado de conservación arquitectónica, sus tradiciones, leyendas y costumbres, le valieron el título otorgado por la UNESCO de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Su principal celebración, es la tradicional festividad religiosa en Semana Santa, engalanada con hermosas leyendas como la de los Cristos Morenos Milagrosos. De su arquitectura religiosa, se destacan las iglesias de La Inmaculada Concepción (1541), Santo Domingo (1544), San Francisco de Asís (1580), San Agustín (1606) Santa Bárbara (1613) y San Juan de Dios (1668). El catolicismo tan profundo y único que caracteriza a Mompox, fue infundido por los españoles, y aún hoy podemos sentir la grandeza de la fe religiosa de esta hermosa villa colonial. No podemos hablar de esta ciudad sin mencionar al poeta Candelario Obeso, ese genio de la poesía moderna colombiana, de cabello ensortijado y espíritu fogoso, que con sus versos navegaba por el río Magdalena y que nos ha hecho entender que la belleza se encuentra en el mundo espiritual y sencillo de la vida popular.
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